Queloide: la cicatriz con vida propia

¿Qué son los queloides?

Los queloides son cicatrices que por definición son hipertróficas (abultadas) y que crecen más allá de los bordes de la herida inicial (esto las diferencia de las cicatrices hipertróficas normales). Además, tienen tendencia a crecer progresivamente e incluso pueden reaparecer meses después de haber conseguido reducir su tamaño.

Con frecuencia ocasionan síntomas como picor o incluso dolor, y en algunas ocasiones pueden llegar a limitar la movilidad por afectar a zonas articulares, cuello, manos o pies. Esto es más frecuente en los queloides que surgen tras quemaduras.

 

¿Quién padece los queloides?

Lo cierto es que cualquiera puede llegar a tener un queloide, pero existen algunos factores de riesgo que aumentan la probabilidad de desarrolar un queloide tras una herida.

En cuanto a la localización, los queloides son más frecuentes en el tronco superior, incluyendo zona pectoral, escote, hombros y espalda. En estas localizaciones podemos llegar a ver queloides “espontáneos”, que aparecen ante la mínima inflamación o herida como la producida por un acné durante la juventud.

También las heridas con una tensión excesiva en sus bordes tienen más tendencia a evolucionar hacia cicatrices queloideas.

Existen factores genéticos de tal forma que existen familias con mayor predisposición. A nivel racial sabemos que los queloides son más frecuentes en fototipos oscuro (personas de piel negra o asiáticos).

 

¿Como evolucionan los queloides?

Cuando decimos que un queloide tiene vida propia es porque realmente tienen una evolución impredecible y con tendencia al crecimiento descontrolado.

De hecho, existen algunos estudios  recientes que relacionan los genes activos en los queloides en crecimientos con aquellos presentes en las células de tumores agresivos. Esto explicaría que sean capaces de crecer “invadiendo” tejido que inicialmente no estaba afectado por la herida.

Lo normal es que tengan un crecimiento progresivo desde el inicio del proceso de cicatrización, pero también pueden empezar a crecer pasados unos meses.

Con el tiempo suelen estabilizarse aunque no es raro que después de unos meses tras el tratamiento vuelvan a iniciar su crecimiento.

 

¿Cómo tratamos los queloides?

Ya hemos dicho que los queloides tienen un crecimiento descontrolado e impredecible, esto hace que sean el tipo de cicatriz más difícil de mejorar y sobre todo de mantener con las mejoras obtenidas.

Aún así, cada vez existen mejores técnicas y tratamientos para conseguir reducir su volumen, disimular el tejido cicatricial, reducir los síntomas y evitar su crecimiento de nuevo.

Lo ideal es hacer un abordaje MULTIFACTORIAL: tratar de abordar los distintos problemas presentas en las cicatrices queloideas en cada una de las sesiones de tratamiento. Hay que tener en cuenta que estas cicatrices suelen requerir tratamientos prolongados de entre 3 y 7-10 sesiones. Además, por el riesgo de recrecimiento podemos tener que realizar sesiones de “recuerdo” o mantenimiento, en las que nos aseguramos que mantenemos el queloide a raya.

Aquí hacemos una descripción de los factores a tener en cuenta durante el tratamiento de los queloides y que generalmente vamos a usar de forma combinada.

 

  1. Reducir vascularización

Uno de los problemas de los queloides en crecimiento es que tienen un exceso de aporte vascular, el cual es en parte responsable del crecimiento excesivo pero también de síntomas como picor o dolor. Este exceso de vascularización se elimina fundamentalmente mediante láser vascular o luz pulsada intensa. Esto no sólo mejora el color del queloide, reduciendo el colo rojo intenso, sino que también mejora mucho la calidad de vida de los paciente al eliminar gran parte de los síntomas.

 

  1. Reducción de exceso de volumen

Los queloides tienen un exceso de tejido cicatricial fibroso en forma de haces de colágeno densos y apilados. Para reducir esa hipertrofia necesitamos moléculas que generen una cierta atrofia en el tejido. Para ello empleamos fármacos como los corticoides o 5-fluorouracilo entre otros, que se pueden inyectar dentro de la cicatriz o bien ser canalizados a través de los láseres.

Otra alternativa para reducir ese exceso de volumen es el uso de técnicas como la crioterapia o la radioterapia, empleadas cuando tenemos queloides muy resistentes.

 

  1. Reordenar o remodelar el tejido

En los queloides el tejido cicatricial está muy compactado, con haces de fibras de colágeno gruesos y paralelos que hacen que tenga una consistencia muy dura, casi pétrea. Los láseres de resurfacing como los láseres fraccionados ablativos, generan unos canales dentro de este tejido tan compacto. Esto genera una reducción de la consistencia y facilita una regeneración más “normal” de la cicatriz.

Otras alternativas pueden ser los dispositivos de microneedling, radiofrecuencia fraccionada entre otros tipos de tecnología.

 

  1. Reducir tensión cicatricial

Muchos queloides aparecen como respuesta a un exceso de tensión en los bordes de la herida. Cada vez existe más evidencia de que el uso de la toxina botulínica aplicado en los laterales de la herida, reduce el crecimiento de los queloides e incluso previene que estos aparezcan en zonas de riesgo. La toxina se puede emplear en modo preventivo desde las primeras etapas de la cicatrización, pero también cuando el queloide ya está establecido.

El uso de apósitos de silicona fijos durante la cicatrización también parece tener un efecto preventivo ya que reduce la tensión superficial de oxígeno del queloide (como si lo asfixiara), y también previene el excesivo movimiento tangencial de la cicatriz.

Corrección quirúrgica: aunque no es la primera opción en general, en casos de queloides extensos con mucha tensión, se puede realizar la extirpación quirúrgica de la cicatriz para posteriormente realizar cierres con menor tensión, tales como las z-plastias o w-plastias.

 

  1. Inmunomodulación, terapias futuras

Una técnica de inmunoterapia habitual y ya contrastada es el empleo de imiquimod tópico en crema tras la extirpación de queloides del lóbulo auricular. Esta es una zona especialmente propensa a sufrir queloides. La aplicación de imiquimod parece desviar la respuesta inmulógica y evitar que el queloide vuelva a crecer.

A nivel experimental se están ensayando múltiples moléculas que podrían frenar el crecimiento excesivo del queloide. Moléculas como TRAIL (TNF-related apoptosis inducing ligand), avotermina (análoga del Tumor Growth Factor b3/TGFb3), Interleukina 10 recombinante, manosa-6-fosfato y muchas otras, han sido y están actualmente siendo objeto de estudio para controlar el excesivo crecimiento de estas cicatrices.

 

REFERENCIAS:

  • J Dermatolog Treat.2020 Jan 20:1-8. doi: 10.1080/09546634.2020.1714541. [Epub ahead of print] Targeting of keloid with TRAIL and TRAIL-R2/DR5.
  • Wound Repair Regen.2020 Jan 13. doi: 10.1111/wrr.12793. [Epub ahead of print] Keloid scarring or disease: unresolved quasi-neoplastic tendencies in the human skin.
  • Plast Reconstr Surg Glob Open.2019 Nov 27;7(11):e2496. doi: 10.1097/GOX.0000000000002496. eCollection 2019 Nov. Z-plasty and Postoperative Radiotherapy for Upper-arm Keloids: An Analysis of 38 Patients.
  • Facial Plast Surg Clin North Am.2019 Nov;27(4):513-517. doi: 10.1016/j.fsc.2019.07.013. Management of Surgical Scars.
  • Med Hypotheses.2016 Nov;96:51-60. doi: 10.1016/j.mehy.2016.09.024. Epub 2016 Sep 28. Endothelial dysfunction may play a key role in keloid and hypertrophic scar pathogenesis – Keloids and hypertrophic scars may be vascular disorders.